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domenica 20 maggio 2007

Racismo a la italiana

Desidero ringraziare ancora una volta Mary Rizzo e Diego Traversa per le preziose traduzioni delle prime tre puntate sulla Carta dei Valori, della Cittadinanza e dell'Integrazione (in inglese: prima - seconda - terza).
Colgo l'occasione per ringraziare Les Blough, Fondatore del sito Axis of Logic e Paul Harris, membro del Advisory Board on Canadian Sovereignty per aver gentilmente ripreso l'articolo sul loro portale.
Vi propongo di seguito la traduzione in spagnolo dell'articolo "Razzismo all'Italiana" di Beppe Grillo, riproposto recentemente su questo blog.
Racismo a la italiana
Autor: Beppe Grillo, 8 de mayo de 2007
Traductor: Traducido por Yaotl Áltan
Un caballo de batalla de Pepe Grillo. La foto, arriba mostrada, es la que se muestra en el blog del cómico genovés. Si lo hubiese escrito yo, un tipo común y corriente, y con una ilustración similar, por lo menos me habrían linchado, en otros tiempos quizá me habrían obligado amablemente a "regresar a mi país". De cualquier manera, habría sido juzgado como un "inmigrado no integrado y no moderado". Dado que frecuentemente recibo comentarios alucinantes por mucho menos, espero que este artículo lo demuestre, en modo definitivo, que el abajo suscrito es – para todo efecto - un "moderado"!
Sherif El Sebaie
Los italianos no son racistas. No quieren ser racistas. No pueden ser racistas. Los italianos son gente bondadosa, les gusta la pizza y la mandolina. Un italiano puede aceptar que lo llamen de varios modos: evasor, mafioso, corrupto. No pasa nada. Para él son cumplidos. Pero si lo llamas racista se transforma en una bestia. Y entre más sea de izquierda, más se enoja. Es una lucha contra si mismo. Una lucha que ha resuelto con el racismo a la italiana. Un racismo que no existe, pero existe. Un racismo que nos hace sentir mejor a todos. En resumen, el italiano ha eliminado el racismo. Lo ha hecho con discreción, dándole el justo peso a las noticias. Si una niña polaca muere por un disparo en Nápoles, si un ceilanés es acuchillado en Milán o si algunos norteafricanos son enterrados en Apulia durante la temporada de tomates, la noticia se da con discreción. Por un día y en la página diez. Si el muerto es un autóctono se desata la caza del homicida. El muerto extranjero se nota poco, y el muerto nativo se nota mucho más. Si algunas jovencitas extranjeras son violadas tumultuariamente por 30 euros, incluso de doce/trece años, en las carreteras de todo el País, es folclor. Si una muchacha nativa es agredida se va a la primera página. Si los niños extranjeros son lanzados a media calle para pedir la caridad o venderse es folclor. Si le sucede a un niño italiano, los padres terminan en la cárcel. El homicida rumano es un monstruo, el nativo es un delincuente. Nuestros extranjeros son equiparados con los extranjeros que viven en su casa. Números, no personas. ¿Quién le da importancia a los cincuenta muertos al día en Irak o a las masacres de Darfur? Las cárceles están llenas de extranjeros que no han entendido las reglas. Reglas que no son exactas. En nuestro País que no existe, las leyes son optativas. El italiano lo sabe, se arregla, se las ingenia para estar en regla sin pasar de largo. En cambio, el extranjero va directamente a galeras porque cree que la impunidad en Italia es un estilo de vida, no un delito. Sarkozy ha ganado por el restablecimiento de la ley. La legalidad, ha dicho Veltroni, es un derecho, sin especificar empero por qué clase de provecho. Quien todavía no se haya vuelto racista en Italia lo será. Es el País quien lo quiere.